Un Jardín de secano
Un Jardín de secano
Tetraclinis articulata en su ambiente

Suelos

Suelos ácidos o básicos. Arena y Arcilla. ¿Modificarlos o adaptarse?

 

Este es un tema que o bien no preocupa nada, para los que ponen plantas que se dan bien en la zona o se convierte en un problema, cuando tratan de cultivar plantas que simplemente les gustan.

 

Empecemos por lo esencial, todos los suelos son o ácidos o básicos (también llamados alcalinos), según lo sean las rocas madres que forman la estructura del terreno; simplificando, si son granitos o calizas, aunque también conviene tener en cuenta que la mayoría de suelos no son ni muy ácidos ni muy básicos y en ellos se pueden cultivar la mayoría de las plantas de jardín.

En jardinería el tipo de suelo está asociado al agua que al ser de la zona, también será del mismo tipo que el suelo pues mientras fluye por él disuelve sus sales. El agua de lluvia es neutra y sirve para todas las plantas, pero en nuestro clima el riego, poco o mucho se vuelve esencial y por la tanto la calidad del agus de riego

 

¿Cómo se sabe que suelo tenemos? Hay tres maneras, la primera mirando un mapa de la zona. En España por ejemplo se puede consultar al Instituto geológico y minero. Sin embargo y simplificando, casi todo el país es calizo con las mayores excepciones en el oeste, de Huelva a Galicia; el Sistema central y la parte noreste de Cataluña.

 

La segunda es mirar que plantas crecen a nuestro alrededor y como en España casi todos los suelos son básicos, consideraremos nuestro terreno como básico a no ser que encontremos plantas que nos indiquen suelo ácido, como los castaños, los alcornoques, las hortensias, las camelias, las azaleas, los brezos etc.

 

La tercera es medir el PH del suelo. Esto es una medida química difícil de explicar pero fácil de hacer. Se compra en una tienda especializada de suministros químicos papel de PH. Se coge un poco de tierra en un vaso y se añade 200cm3 de agua. Se agita y se introduce una tira del papel. Se observa el color que coge y se compara con el patrón. Si el PH es de 7 o mayor el suelo es básico, si es menor de 7 es acido. Entre 6,5 y 7,5 se considera neutro y casi todas las plantas pueden vivir en él.

Se repite la operación con agua sola y sabremos el PH de nuestra agua que será parecido al de nuestro suelo

 

Lo que hay que saber es que hay plantas que solo viven en un tipo de suelos y que por mucho que nos empeñemos en cultivarlas en otro, crecen mal, amarillean y acaban muriendo. Un ejemplo que en España cuesta mucho dinero es el cultivo de las azaleas japonesas. Estas plantas se suelen comprar en plena floración y se llevan a casa; allí como necesitan suelo y ambiente húmedo se riegan a menudo, pero como el agua de riego es alcalina, las plantas se empiezan a poner mal y finalmente mueren. A veces te dicen que pongas limón o vinagre al agua para neutralizar la cal, pero es una batalla perdida, porque la cal que contiene el agua acaba en la maceta y en el 90 % de los casos se acaba tirando la planta moribunda. Y no vale decir que en el vivero vivían bien, porque no sabemos dónde las han criado y porque las azaleas no se mueren de hoy para mañana, pero lo que es seguro es que se acaban muriendo en seguida fuera de su entorno natural.

 

Esto mismo se puede decir de otras plantas como Castaños, alcornoques, Camelias, Rododendros, Pieris, Abedules blancos etc. las cuales son mejor cultivarlas solo si nuestro terreno reúne las características que necesitan.

 

Así como hay, como vemos, plantas calcifugas (que huyen de la cal), este problema no existe como tal en la dirección opuesta; no suele haber plantas silicifugas, aunque hay muchas que prefieren vivir en terrenos alcalinos, a las que se suele llamar calcicolas.

Mi opinión es que aunque se pueden hacer excepciones, preferiblemente pocas, es mejor cultivar plantas que no nos exijan esfuerzos constantes y extraordinarios: tierra especial, agua desionizada etc., porque las plantas viven mucho tiempo y hacer eso supone cargarnos con obligaciones complejas y constantes.

 

Aunque, no sé por qué, a los que nos gusta la jardinería, acabamos siempre echando de menos las plantas que no podemos tener y más de una vez caemos en la tentación de probarlas en nuestro jardín.

 

La acidez o basicidad de los suelos es una propiedad química de los mismos pero también tenemos que tener en cuenta la física. Casi todas las rocas son silicatos o carbonatos, ácidos o básicas, pero en todas ellas varía el grosor de sus componentes. Los suelos arenosos están hechos de particulas gruesas que encajan mal entre ellas, dejando muchos huecos  que llenarán el aire o el agua. Lar arcillas están hechas de partículas mucho mas finas, que encajan muy bien, dejando poco hueco y que incluso impiden la penetración del agua cuando se han secado. Por eso los suelos arenosos son fáciles de trabajar, pero retienen poca agua, los arcillosos son al contrario. Todos ellos ganan mucho con la adición de materia organica.

Los suelos que encontramos en nuestros jardines, no suelen ser suelos tan elementales, generalmente tienen un poco de todo, pero según la parte que domine, será mas de una manera u otra.

 

Hay pocos jardines sobre arena, aun así bastaría con observar la vegetación de las dunas para saber que hay plantas que sobreviven y que incluso les gusta este suelo. Lo normal es que el suelo sea más o menos arenoso y eso condiciona un poco la jardinería. En suelo arenoso, las plantas se desarrollan antes porque el suelo se calienta antes y pierden el agua antes también, además el paso del agua es muy rápido y el lavado continuo los suelen convertir en bastante estériles

La mejora definitiva de este terreno se haría enmendándolo con materia orgánica (Humus) que no solo mejorará la calidad aportando substancias nutritivas, sino que ayudará en la retención del agua. A mí me gusta hacer esa enmienda en profundidad, en el fondo del hoyo, aunque la parte superior quede tal cual estaba.

En el caso de terrenos arcillosos, el problema es que se dispone de menos días para trabajarlo, si el suelo está seco, es duro como una piedra y si está húmedo se engancha como un adhesivo a las herramientas. Sin embargo suelen ser suelos ricos a y agradecidos con el jardinero que, eso sí, tendrá que saber trabajar cuando el suelo esté de “tempero”.

La mejora de este suelo tan compacto se hace también por aportación de materia orgánica que no solo lo aligera y lo hace menos compacto, sino que también mejora el drenaje.

De hecho hay pocos suelos tan malos que impidan hacer un jardín, con paciencia; las enmiendas de materia orgánica nos acortarán el tiempo necesario para conseguirlo, además no suelen ir mal casi nunca en cualquier tipo de suelos, aunque a veces convenga no hacerlas en superficie para evitar que humedad retenida en invierno no nos pudra las raíces de nuestras plantas.

 

El mantillo. ¿vale la pena compostar?

El mantillo, esa capa de tierra oscura, con olor a humedad que encontramos en las viejas huertas y que a veces compramos en sacos, para ayudar a mejorar nuestro suelo. ¿Lo podemos hacer en casa?

Hay que decir que el compostaje en nuestro clima no es una cosa rápida, necesita humedad y no un calor excesivo, pero que vale la pena hacerlo por varias razones:

 

En primer lugar, nos permite aprovechar muchos subproductos de jardín que si no, hay que eliminar: Hojas caídas, recortes de plantas, césped cortado, agujas de pino etc. A mí no me gusta poner malas hierbas porque si el compostaje es lento y no sube la temperatura lo suficiente, es posible que lo que estemos haciendo es poner semillas de las malas hierbas en un medio ideal para que broten.

Además podemos aprovechar toda la materia orgánica que produce la cocina de nuestra casa, cáscaras de huevo, recortes de ensalada, restos de verduras y hortalizas, pieles de patatas, de naranjas, etc.

Y por último nos ahorrará dinero.

Para hacerlo basta tener una zona del jardín un poco apartada o fuera de la vista y en un hoyo grande o en un compostador, que no es más que un cajón con agujeros para que el contenido respire, se van poniendo todos los residuos orgánicos del jardín y la casa, de vez en cuando se riega y se remueve. Con eso, la lluvia y las bacterias, se va produciendo una lenta descomposición que nos convierte los residuos en mantillo. Este proceso es continuo y natural, y una vez iniciado sigue por sí mismo, aunque el riego y la aireación lo aceleran.

Hay quien usa lombrices en el compostador, el resultado es más rápido y mejor, pero la instalación de un compostador con bandejas complica más el proceso y además hay que tener en cuenta el número de personas incompatibles con la manipulación de lombrices.

Este mantillo solo o ligeramente mezclado con tierra es un Humus de primera calidad que podemos usar como enmienda en todos los terrenos.

Los trozos de ramas demasiado gruesas para ir al compostador, así como las malas hierbas, papel y otros desperdicios van bien para la hoguera, de donde se pueden aprovechar las cenizas como fuente de minerales, el calcio, el potasio y el fósforo no se van como humo, sinó que se quedan en las cenizas como sales aprovechables por las plantas.

Euphorbia characias
Cotoneater franccheti en flor
Berberis julianne en flor

Actualidad

juanjo@cubero-echeverria.es

 

Nombre: Juan José Cubero Echeverría
Ciudad: Barcelona

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