Un Jardín de secano
Un Jardín de secano

Preparación del Terreno

mahonia japonica en flor

En general los suelos mediterráneos no son muy buenos, salvo en llanuras aluviales o riberas de los ríos; así que me pondré en lo peor y los consideraremos medianos, cuando no malos. Hay que pensar también, que tras el paso de albañiles, el mejor suelo está para el arrastre, así que no viene mal empezar desde esa base y que los que dispongan de un suelo mejor, bien por suerte o porque lo han mejorado ellos, sepan que siempre tendrán ventaja.

 

Quizá haya que explicar porque un terreno se dice que es bueno y lo mejor sería poner un ejemplo. Si imaginamos un terreno de huerta, de color oscuro, consistencia media, buen drenaje, fácil de trabajar, estaremos delante de un buen terreno agrícola. El color nos indica que es rico en materia orgánica, su consistencia y facilidad de trabajo, así como su drenaje nos indican que su composición es equilibrada. Sin embargo hay pocos terrenos así, nuestras urbanizaciones se extienden por las colinas, raramente por el fondo de los valles y pocos podemos disponer de viejos jardines que llevan años cultivados y han ido mejorando con el tiempo, o de un terreno en la vega de un rio, así que lo más normal es encontrarnos en un trozo de terreno sin cultivar desde hace tiempo y todavía con cascotes, ladrillos enterrados y huellas del paso de los albañiles, que suelen preferir enterrar los cascotes que llevárselos.

 

Para un jardinero mediterráneo, la preparación del suelo es muy importante, todo el esfuerzo que se haga en este campo, se verá compensado con creces y cualquier fallo en el sentido de “Ya hemos cavado bastante”, “No ves que ya caben las raíces”, suele pasar factura el primer verano.

La razón es la siguiente: Vamos a someter a las plantas a un periodo crítico de sequía, pocos meses después de ponerlas en su sitio, la capa superficial del suelo es la más seca y los terrenos no suelen ser buenos.

Por otra parte, si elegimos las plantas adecuadas, ya estarán acostumbradas a un clima y a un suelo parecidos, así que no todo está en contra nuestro.

 

De todos modos es imprescindible asegurar a las plantas una zona amplia y especialmente profunda para que sus raíces se desarrollen pronto y bien, y es aconsejable que en las capas más hondas tengan algún material que ayude a conservar la humedad.

Aquí convendría explicar lo que en los libros en Inglés llaman "mulching". Es colocar alrededor del cuello de la planta una buena capa de materia, generalmente orgánica, que proteja la superficie sobre las raíces, evite que haya malas hierbas y al descomponerse provea a la planta de materia orgánica.

Mi idea no es poner mantillo o turba como ”mulching” en la superficie sino enterrar algo de materia orgánica en lo más hondo de un profundo agujero. ¿Cómo de profundo?. Pues el tamaño mínimo para una lavanda debería ser de 45cm, pensando que los 10-15cm de arriba serán para el alcorque. En un arbusto o un árbol se debería llegar en lo posible a 65-75 cm. Aunque eso sí, con un alcorque de mayor diámetro.

 

Estoy hablando de un suelo normal, si el terreno fuese muy arcilloso, la incorporación de materia orgánica debería ser mayor, aunque no necesariamente en la capa superficial. La arcilla seca cierra muy bien la tierra y evita la evaporación del agua.

 

¿Cuál es el problema del “mulching” que tanto se usa en climas más húmedos? Pues que en verano nuestro suelo está seco y el viento se lo lleva todo y en invierno que es cuando el mulching se descompone, la humedad del suelo ya es correcta en nuestro clima y la retención de humedad en el cuello de la raíces puede hasta ser perjudicial para plantas mediterráneas.

Hay “mulching” muy caros de grava o incluso piedrecitas de mármol que pueden ir bien para zonas pequeñas, pero que no serían adecuadas para todo un jardín, aparte de que el trabajo posterior en una zona recubierta así es francamente difícil. Ahora bien, hay un “mulching”  que ahora emplean mucho los Ayuntamientos a base de corteza de pino, que sirve para limitar la evaporación, pero que tarda mucho en descomponerse, mi opinión es que su utilidad es más bien estética y en todo caso para evitar que crezcan malas hierbas y ahorrar en mantenimiento, aunque trabajar posteriormente en un suelo así protegido es por lo menos antipático.

Otro tema que se menciona respecto al “mulching” es que evita las malas hierbas, pero esto ocurre en países verdes donde llueve mucho y estas salen espontáneamente y compiten con las de jardín, sin embargo en nuestro clima, después de la primavera suelen quedar pocas malas hierbas y estas sólo dentro de los alcorques, donde es fácil controlarlas.

 

He mencionado anteriormente que los suelos mediterráneos no suelen ser ricos. Si por casualidad los nuestros lo fueran, mejor que mejor. Todo lo dicho anteriormente vale igual, pero las plantas crecerán más, tendrán mejor aspecto y probablemente este desarrollo mayor y más rápido las haga morir un poco antes.

Así pues, insisto en que en el jardín mediterráneo no se puede preparar el suelo a medias, hacer hoyos de plantación escasos, ni plantar muy tarde. Ahora bien, todos nosotros hemos hecho algo de eso alguna vez, aunque también en nuestra experiencia contamos con muertes repentinas de plantas de las que no entendemos del todo el motivo y que bien podrá deberse a fallos en estos temas que hemos mencionado.

 

 

La profundidad más que la calidad.

 

Sin que sea completamente cierto, sí que se podría resumir el tema de la preparación del suelo en el título de este párrafo. Vale más insistir en la profundidad del hoyo de plantación que en la calidad del suelo, cuando las plantas elegidas son del tipo mediterráneo; aunque siempre será mejor tener ambas cosas.

Variedad de Margarita del Cabo (Dimorphoteca)
Chaenomeles o membrillero japonés
Flor de passionaria en Napoles

Abonado

Como las plantas necesitan como alimento además de materia orgánica, anhídrido carbónico y agua, diversas sales minerales y como no podemos estar seguros de que nuestro suelo las contiene en proporción correcta, para corregirlo se emplean abonos.

 

Los abonos pueden ser orgánicos o inorgánicos, los primeros son generalmente estiércol o sus derivados y siempre son buenos, pues además de proporcionar a la planta materia orgánica y algunas sales; aquellas que estaban presente en el alimento del animal y que este no ha utilizado; mejoran siempre el suelo y la retención de agua de este.

Eso sí, conviene que estos abonos se apliquen bien fermentados, para que se entienda, una dosis de palomina fresca puede quemar cualquier planta...

El mejor de todos podría ser el Humus de lombriz de tierra.

Los abonos inorganicos, también llamados minerales siempre contienen Nitrógeno (N), Fósforo (P) y Potasio (K)  y su porcentaje en el abono aparecen en tres cifras que se escriben en el saco o envase. p.ej.18/18/18

Conviene saber que el Nitrógeno ayuda a crecer las plantas, hace masa verde. El fósforo no, este favorece los troncos y raíces mientras  el potasio favorece las flores y la acumulación de reservas. Esto permite a los profesionales ajustar sus composiciones y tiempo de aplicación en los cultivos.

 

Para jardineros de secano, bastaría con aplicar un abonado de fondo en terrenos nuevos, o antes de plantar, usando un abono equilibrado, como el indicado arriba.

Algunas veces nos interesa abonar una planta especialmente o simplemente necesitamos abonar nuestras macetas, mi experiencia en estos casos es usar abonos equilibrados, no dejarlos nunca en superficie sino mezclarlos en la tierra y preferiblemente usar los de disolución lenta que permite un tiempo largo y un abonado suave.

 

Ipomea indica en la estación de Herculano
Campsis en el valle de Bas (Gerona)
Argyrocitisus en Gerona

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juanjo@cubero-echeverria.es

 

Nombre: Juan José Cubero Echeverría
Ciudad: Barcelona

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